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Navidad

Ya estamos a unos pasos de celebrar la Navidad. Desde hace unos días se intensifican los tonos rojos y blancos por las calles y las luces empiezan a embellecer las avenidas y las noches. Es fácil que se agolpen las invitaciones a pastorelas y reuniones, y cualquier grupo de amigos o familiares se convierte en un buen pretexto para una posada.

Sé que no a todos, pero casi, nos gusta la Navidad. Es una época en la que le sacamos un brillo especial a nuestra alma a la luz de la venida de Cristo a la tierra.

Navidad es, sobre todo un tiempo para estar con Dios. Cristo es el gran protagonista. El hecho de su nacimiento sigue partiendo en dos la historia y pretende también significar un hito en nuestra propia historia: Dios que viene a habitar, a meterse en el corazón de cada hombre que quiera abrir la puerta de su alma y vuelve a suplicar como hace más de dos mil años, un espacio donde nacer y donde vivir. Es la presencia del Hijo De Dios la que hace diferente esta época de cualquier otra fiesta. Navidad sin Cristo no es Navidad.

Por otro lado, es un tiempo para estar con los demás, especialmente con aquellos más cercanos; con la familia. Son fechas para compartir y para unirnos; quizá también para perdonar, para olvidar y para dejar de lado rencores y resentimientos. No siempre es fácil y no siempre se está preparado, pero vale la pena intentarlo. Hace dos días platicaba con un joven y me decía que para él eran fechas difíciles: su padre los había abandonado y su familia estaba herida por divorcios y divisiones. Sé que él no será el único, pero sé también que hay muchos otros dispuestos a acoger y ayudar al que está herido. Navidad es también una época en la que se expresan los mejores sentimientos del corazón.

A la vez, la Navidad nos da también un espacio para nosotros mismos, para el descanso, para un poco más de sueño; en fin, para recuperar fuerzas y desconectarse, aunque sea brevemente, de la vida ordinaria. Es una época donde recibimos, además de regalos, el aprecio y el cariño de tanta gente que nos quiere y que nos apoya. En síntesis, un momento en el que nos sentimos especialmente amados y pensados.

Navidad quizá es un tiempo muy corto para sacarle todo el provecho que se podría; pero ojalá que todos nos llevemos una lección. Es un tiempo precioso para recibir al Hijo de Dios y que esa venida deje fruto en nuestro corazón. Que no se nos escape lo más importante y que cada detalle nos ayude a vivir esa paz anunciada por los ángeles a los hombres de buena voluntad.

 

Padre Evanibaldo Díaz LC

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